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8.6.12

Cape Town II

El ticket del bus turístico que habíamos comprado era de dos días, por lo que el miércoles lo aprovechamos a full. Cape Town está encajada entre las frías aguas del Atlántico sur y Table Mountain, un macizo de cima plana -de ahí el nombre- de casi 1100 metros de altura. Detrás de Table Mountain, que hace de barrera a las nubes y el viento que vienen del oeste, las precipitaciones son 4 veces más abundantes que en la ciudad, y la vegetación es exhuberante. Un poco más atrás aún, comienza Constantia, la más antigua de las regiones vitivinícolas de Sudáfrica. Ese era nuestro objetivo.
Primeramente bajamos del bus en los jardines botánicos de Kirstenbosch. Fundado en 1913, fue el primer jardín botánico del mundo creado con el objetivo exclusivo de preservar la flora única del cabo y, hasta el día de hoy, sólo alberga especies aborígenes. Sólo unas pocas hectáreas están ajardinadas: el resto es el paisaje natural de la zona. Paseamos un buen rato, admirando todo tipo de plantas y desasnándonos de cuántas especies habituales de los jardines y balcones argentos tienen su cuna aquí: agapantos, planta de la moneda, del dólar, malvones, pelargonium, calas, aloes, calanchoe, éricas, ave del paraíso, flor de cuero, lacito de amor, y esas son sólo las que me acuerdo ahora. Me mataron las aloes y cactus arborescentes. Podríamos (al menos yo) habernos pasado todo el día ahí, pero las bodegas nos esperaban, así que volvimos a montarnos al bus y nos fuimos rumbo a Groot Constantia
Groot Constantia fue el primer viñedo de Sudáfrica, establecido en 1685, y viene produciendo vinos desde entonces. Lamentablemente la casa museo estaba cerrada, pero luego de almorzar en uno de los dos restaurantes de la viña hicimos la visita guiada a la bodega que finalizó con una degustación de vinos. No compramos ninguno: el 60% de la producción de Groot Constantia se exporta a Alemania. Su vino más famoso, de postre, el Grand Constantia, era sensación en las cortes y el jet-set europeo de los siglos 18 y 19. Se dejó de fabricar con la famosa plaga de filoxera, pero hace unos años volvieron a producirlo.
El recorrido del bus turístico es circular y siempre en el mismo sentino, por lo que a la salida de la bodega tuvimos que pasar por las varias localidades playeras del conurbano capense. Sólo nos bajamos en una, Camps Bay. La playa divina, ancha, con arenas blancas y pendiente suave. Lo malo: que el agua del Atlántico es fría con ganas, en verano más que en invierno ya que recibe la corriente antártica. Las olas son poderosas, así que la costa del Cabo es un paraíso para los surfers, eso sí, con riguroso traje de neoprene.
El jueves, por fin, fuimos a Robben Island. El viaje, en un barquito antiguo, dura casi una hora. Primeramente te llevan en un micro a recorrer un poco la isla. Pasamos por la casita donde estuvo detenido uno d elos tantos presos políticos del Apartheid (no me acuerdo los nombres, sori: la política no es lo mío), la iglesia, la cárcel para presos comunes, con mucha menos seguridad que la de los activistas; y por la cantera donde los hacían picar piedra y que era el único lugar donde los presos podían charlar entre ellos con cierta libertad. Todo esto sin bajar del micro. Después llegamos a la cárcel propiamente, y allí un ex preso nos dio el tour. Tenía un acento muy fuerte y me perdí de bastantes cosas, pero huelga decir que no la pasaban bien. Las celdas de los presos políticos eran más chicas que los caniles donde guardaban los perros, y no tenían ni cama, apenas una estera y cuatro mantitas. Cape Town está en la misma latitud que Buenos Aires, así que en invierno se cagaban de frío mal.
Previo a la isla, como el barquito salía al mediodía, pasamos por la antigua municipalidad, que alberga una colección de arte holandés de los siglos 17-18. Estuvo discreta pero bien para ocupar la mañana.


"My dear," said [Mrs. Jennings to Elinor], entering,
"I have just recollected that I have some of the finest
old Constantia wine in the house that ever was tasted,
so I have brought a glass of it for your sister. My poor
 husband! how fond he was of it! Whenever he had a touch
 of his old colicky gout, he said it did him more good than
anything else in the world. Do take it to your sister."
Jane Austen, Sense and Sensibility, ch. 30

2 comentarios:

  1. Qué cantidad de plantas conocidas que decís que son autóctonas allí, una sorpresa.
    Veo que sacaron buen provecho al bus turístico. Y por lo que contás, es una ciudad bien agradable.
    No sabía que el Atlántico ahí era tan frío, evidentemente cosa de las corrientes marinas como decís.
    No creo que yo hubiera ido a visitar esa isla cárcel, le escapo a esos recordatorios del horror.

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  2. Yo la verdad que por mí tampoco hubiera ido, pero Nacho quería.

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